La cocina mendocina tiene identidad
Mendoza no es solo vino. Es una provincia con una tradición gastronómica que mezcla influencia criolla, italiana y de campo. Y como la vid está en el ADN del lugar, cada plato pide su copa.
1. Empanadas mendocinas + Malbec joven
La empanada mendocina lleva carne cortada a cuchillo, aceituna, huevo y comino. Es jugosa, especiada y contundente.
El Malbec joven (sin barrica) la acompaña perfecto: frutal, con cuerpo medio, y taninos que equilibran la grasa de la masa sin tapar el sabor del relleno.
2. Chivo a la llama + Cabernet Sauvignon
El chivo es el plato del sur mendocino por excelencia. Se cocina lento, a las brasas, y tiene un sabor intenso y ligeramente salvaje.
Necesita un vino con estructura: Cabernet Sauvignon o un blend tinto con crianza. Los taninos firmes complementan la carne sin que ninguno domine al otro.
3. Asado completo + Malbec Reserva
El asado argentino no necesita presentación. Costilla, vacío, chorizo, morcilla — todo a fuego lento.
Acá va un Malbec con más estructura: reserva o gran reserva, con paso por barrica. La complejidad del vino se complementa con la variedad de sabores y texturas del asado.
4. Pastas caseras con salsa bolognesa + Bonarda
La influencia italiana en Mendoza se ve en las pastas caseras que todavía se hacen en muchas familias. Ñoquis, ravioles, tallarines con tuco.
La Bonarda — la segunda cepa más plantada de Argentina — es la compañera ideal. Frutal, amable, con buena acidez que corta la densidad de la salsa.
5. Humita en chala + Torrontés
La humita es el plato andino por definición: choclo rallado con cebolla, ají y especias, cocinado envuelto en la chala del maíz.
Su dulzura natural pide un blanco aromático. El Torrontés, con sus notas florales y frescura, la complementa sin competir.
Todos estos platos, en una sola mesa
En Corbó combinamos cocina de autor con raíces mendocinas. Cada plato tiene su vino pensado, y si no sabés cuál elegir, te ayudamos desde la barra.